Mostrando entradas con la etiqueta Drama. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Drama. Mostrar todas las entradas
Taiwán, (2008), "Parking"
"Cuento insomne"
A.H: …conviene que le cuente una anécdota. Había una vez un guionista a quien se le ocurrían siempre las mejores ideas en plena noche y, cuando se despertaba por la mañana, no conseguía recordarlas; finalmente, se dijo: "Voy a colocar una hoja de papel y un lápiz al lado de la cama, y cuando se me ocurra una idea, la podré escribir". El individuo se acuesta y, naturalmente, a mitad de la noche se despierta con una idea formidable; la escribe rápidamente y se vuelve a dormir tan contento. A la mañana siguiente se despierta, y al principio se olvida que ha copiado la idea. Está afeitándose y se dice: "¡Ah, bueno! Se me ha ocurrido una idea formidable esta noche pero se me ha olvidado. ¡Ah, es terrible...! Pero si no recuerdo mal, la he escrito en un papel." Se dirige rápidamente a su dormitorio, coge el papel y lee: "Un chico se enamora de una chica."
T.F: (risas) Es divertido...muy bien…


El dueño de ese tan especial sentido del humor no es más que del gran Alfred Hitchcock, mientras le daba una entrevista a ni más ni menos que François Truffaut, otro maestro del cine de jerarquía mundial, a la altura de John Ford, Kurosawa, entre otros ya olvidados por la plástica estructura del cine de entretenimiento actual. Este increíble encuentro de próceres del celuloide efectuó debido a la publicación del libro “El cine según Hitchcock”, material imperdible e imprescindible en cualquier biblioteca que aborde temáticas de cine en general. No dejo pasar la oportunidad de recordar que el libro -al igual que otro tanto de informaciones y escritos-, está disponible en la zona Taxocinema del sitio, específicamente en la sección de libros y apuntes de cine para quien esté interesado.

Lo curioso de todo esto, es que me ha hecho reflexionar sobre la aparente idea de que el peso de una historia se ve graficada en su guión. Al parecer, uno tiende a olvidar que el mejor contador de historias no se basa en la idea narrada, sino en cómo se cuenta tal relato. Es en este punto donde el director cobra protagonismo, ya que finalmente es éste señor el que nos cuenta lo que vemos en pantalla. Ágilmente nos movemos a la sinopsis de “Parking” (Ting Che) para hablar, como siempre, de los detalles que me han parecido destacables o interesantes.

La película está compuesta básicamente por géneros de drama y algo de comedia negra, explorando temas de corte urbanos, con un desarrollo tal, que bien podría atribuirse una gran cuota de “road movie”, siendo la carretera una de las piezas narrativas importantes dentro del film.

Todo ocurre en una noche en la vida de Chen Mo(Chen Chang) quien vive en Taipei. El gatillante de las acciones esta vez es la imposibilidad de mover su vehículo ya que alguien se ha estacionado en doble fila. Esa noche tendrá que preparar una celebración para su madre, la cuál tiene planeado asistir junto a su esposa, es en este punto cuando el protagonista se ve envuelto en una serie de eventos, situación que desencadenará la aparición de un grupo de personajes que entablarán diversas relaciones con Chen Mo. La gama de personajes no deja de ser ecléctica. Desde un sastre hasta un jefe de las triadas, pasando por las historias de un peluquero hasta la de una familia en duelo, son las vidas que participan de una narración coral en la que Chen Mo es el hilo conductor.

La narración es de un ritmo pausado pero sin caer en la monotonía, se desarrolla en una atmósfera que propone un caos urbano "contenido", un clima muy propio de las narraciones nocturnas desde donde es posible presenciar un mundo limitado, tanto visual como espiritualmente. Las temáticas tales como la relación de pareja, amor filial, sentido de justicia y normas socio-morales siempre son propuestas desde una perspectiva cármica dentro del film. Así este aspecto es posible verlo, por ejemplo en secuencias como la de las golpizas propinadas dentro de la película, la preparación del pescado para la cena, entre otros detalles destacables, situaciones que muestran una relación causa-efecto directa en el desarrollo de las acciones. El mundo recreado, es posiblemente el que imponen las categorías morales propias de las culturas que poseen una fuerte carga religiosa, quizá por eso Mong-Hong Chungkin su director, ha propuesto una ambientación que evoca los años 70s de Taiwán, años marcados por cirscuntancias de índole político-religiosas.


En los ejes narrativos ayuda mucho el que la película ocurra virtualmente en una noche. Sólo sostenido con algunos flashback, dio la suficiente claridad en el relato para centrar el interés y potenciar la labor del protagónico, ya que precisamente éste es quien lleva los tiempos del film. Pese a que su actuación fue elogiada, personalmente me ha parecido muy destacable el trabajo de Lunmei Kwai haciendo de su esposa, en ella me detendré un momento.


Me ha parecido notable que tan sólo mediante una secuencia, específicamente cuando se encuentran en el despacho de Chen Mo, pueda transmitir toda una situación conyugal que seguramente arrastra desde hace años. Pese a los datos del guión, que nos entregan información valiosa cuando van a la consulta médica, estos son sólo antecedentes informativos que no necesariamente haría creíble todo el drama que existe detrás de la pareja. A mi parecer, ella es la responsable de transmitir ese nudo dramático en la historia y lo ha hecho de manera impecable. Por su parte, Chen Chang se tiende a diluir entre el peso de ser un eje narrativo de toda la trama y la labor de abrir relatos importantes con otros personajes que otorgen riqueza a la historia, es por esto que no lo destaco en este caso puntual.


El resto de personajes participan en un relato coral que entrega perspectivas diferentes sobre la vida urbana y los conflictos morales que habitan en ella. Debido a esto, todas las situaciones recreadas motivan siempre la participación del protagonista y no adquieren independencia de él, aunque es una apreciación sobre la construcción del guión y personajes, considero que estos rasgos no fueron algo positivo en el desarrollo del film.

Por otro lado, existe un aspecto en Mong-Hong Chungkin que, al menos para mi, ha quedado en deuda. Seguramente debido a ser un debutante, y aunque es posible reconocer muy talento en él, considero que no se despegó de ciertos vicios en la narración. Sin afán de hacer cátedra, trataré de ser lo más breve posible en la argumentación.

Truffaut decía que “quienquiera que cultive la fantasía en el arte está un poco loco. Su problema estriba en hacer interesante esa locura” siento que Chungkin desbocó un poco el ímpetu de generar cierta "locura", en definitiva de entregar una buena historia. A ratos sentí que la película me mostraba más al director que lo que realmente quería contarnos, y eso es algo que no debe ocurrir con el buen cine. Puntualmente, y de manera que no se entienda como un comentario gratuito, me pareció casi como una constante la narración en secuencia con una cantidad de planos mayor a las necesarias. Creo que con el afán de entregar una dimensión rupturista y propositiva, ha pecado de falta de claridad, algo que es perdonable en virtud de sus aciertos, pero no se puede dejar de hacer notar si se quieren mejores realizaciones cinematográficas en general.


Por otro lado existe un conflicto con los cortes de las tomas en los planos mostrados, y sobre todo en los movimientos de lente, que a mi parecer ha sido lo peor en la dirección. Creo que sólo 2 o 3 movimientos de lente fueron un acierto, en otras ocasiones no entregaron ni perspectiva ni claridad en el relato. Muchos de los recursos que quiebran la narración, pudieran ser considerados como rupturistas y evocativos, pero fuera de aspectos estéticos dañan en parte a la historia y se pierde credibilidad, algo que no se puede permitir en beneficio de sólo un contenido estético.

Pese los problemas en la economía del montaje -entre otras cosas-, me parece que el director ha tenido buenos aciertos, lo que refleja el nivel de las invitaciones que ha obtenido en los diversos festivales a los cuales ha asistido. Sí es propositivo en cuanto a encuadre y planos, aunque abusa en la reiteración de ideas mediante ellos pero tiende a crear una historia manteniendo una perspectiva a la altura del relato. Me ha gustado el color y puesta en escena, de alguna forma me agrada que tenga la claridad de saber qué mostrar en el encuadre, pero me desagrada que dude de ello y luego nos muestre otros planos para el mismo relato en la misma secuencia. En ese sentido la reiteración –si no se atribuyen elementos simbólicos o surrealistas- no son útiles ni beneficiosos para las escenas.

A esta altura muchos de los que lean todos estos defectos podrán pensar que la película es mala o que la dirección fue deficiente. La verdad es que esto no es así, sólo hago notar estos detalles que, aunque abordan características técnicas, me muestran a un director con mucho talento, quizá falto de experiencia, pero sin duda con mucho futuro. Me ha hecho recordar a Hong-jin Na, el director debutante en “The Chaser” –aunque en géneros diferentes- una gran película, pero adolece de cierta coherencia en el guión y montaje, aún así los dos son talentos que el cine de sus países no pueden desaprovechar.



DATOS TÉCNICOS
Director:
Mong-Hong Chung
Guión:
Mong-Hong Chung
Actores:
Chen Chang/ Chen Mo
Lunmei Kwai/ Wife
Leon Dai / Pimp
Chapman To/ Tailor
Jack Kao / Barber
Peggy Tseng / Hooker
Finalmente es bueno y sano recordar a Hitchcock cuando menciona el ejemplo del guionista insomne. Las buenas historias surgen sólo con un buen relato, y el director es quien tiene la responsabilidad de contarnos una historia de esa categoría, siendo esto, la clave en la diferencia de una buena y mala película. El género, la temática, la calidad técnica e incluso las actuaciones sólo están al servicio de ese relato, lo primordial es una buena historia.

No quiero despedirme sin antes recomendar el film, no sólo porque realmente me parece que Mong-Hong Chungkin es un talento con futuro, sino que sin tener la experiencia de, por ejemplo un Tsai Ming-liang, preserva la riqueza en la fragmentación de los espacios dentro del film, algo que se hace una característica valiosa al momento de presentar un buen relato. Por otro lado, si el film hubiese girado más hacia atributos de una “road movie”, aprovechando el viaje interno de los personajes como una pieza estructural en la narración, y se despegara de los guiños a la comedia negra, creo que el resultado hubiese sido mucho más definido.

Estaré pendiente de los próximos trabajos de este director.
Corea, Japón, Francia y Alemania, "Tokyo!"
"La fe de la moral"


"Con la moral corregimos los errores de nuestros instintos y con el amor corregimos los errores de nuestra moral."
José Ortega Y Gasset
Pocas veces es posible ver un film, compuesto de 3 historias cortas que constituyan una buena película casi con una consecución de guión, muy bien pensados argumentos y con la mano y sello de tres directores diferentes. Una verdadera construcción orgánica que invita a la reflexión como principal objetivo. Este es el caso de “Tokyo!


Con mucho dolor deberé separar la película mediante sus tres narraciones, sin embargo con el paso de las líneas iremos descubriendo lo mucho en común, paridad y hermandad que poseen entre sí.

El film multinacional lo integran tres naciones participando conjuntamente Corea, Japón, Francia y Alemania y se compone por los relatos titulados: "Interior Design", "Merde" y finalmente "Shaking Tokyo".


Primer Segmento:

Partamos en el orden arbitral que se le ha dado a la obra y hablemos un poco de la sinopsis de la película. El film parte con "Interior Design" del director francés Michel Gondry, muestra un poco la forma más cotidiana y contingente de un Tokio muy al estilo moderno. La historia narra como 2 jóvenes aficionados al cine entran al mundo de la urbe intentando posicionarse desde sus ambiciones e intereses a un mecanismo sin tregua, como lo es la vida dentro de una ciudad sobrepoblada y de escasas oportunidades.


Con el correr de los minutos pronto se dan a conocer los temas que mueven el corto, particularmente la dualidad que se genera en el interés y desarrollo personal, por sobre el desarrollo social y como conglomerado cultural. Así, luego de las dificultades que van desde conseguir un buen estacionamiento para el auto, hasta un buen empleo y vivienda, los personajes deambulan entre la ensoñación -producto de la frustración de no constituirse como seres completos en la urbe- y la responsabilidad de hacerse cargo de sus vidas. Gracias al peso de los acontecimientos, que aunque cotidianos no dejan de marcar presión sobre nuestros protagonistas, todo culmina con validar el axioma último, el que nos dice que las “cosas” representan una vida mucho más simple que las personas. Toda la crítica del relato va en esta línea, donde en un afán de simplificación, estratificación y utilitarismo se nos transforma en objetos útiles, meros medios para que “otros” puedan alcanzar sus objetivos El principio de “economía” es brutal, sacrificando nuestras propias aspiraciones por un bien último el que sólo nos deja la opción de que sea similar al nuestro. Por este motivo lo que parte con la manifestación de arte visual, termina sumándose al arte musical, con un aporte tan anónimo que resulta casi invisible.


Es por esto que finalmente “la silla” viajera cobra sentido en la habitación de un músico. Lo que brinda soporte y a la vez marca un sacrificio de ella misma en servicio de otra causa. Este dilema muestra la falta de oportunidades, deshumanización y empatía hacia quienes tienen aun sueños en un mundo que cada vez les reprime soñar.


Segundo Segmento:

Luego la película continua con “Merde” del director Leos Carax. Una historia extravagante pero no por ello menos profunda que su antecesora. Menos poética que "Interior Design", el relato gira en torno a la crítica desde la sátira.

El peso del relato recae esta vez en un sólo personaje mediáticamente denominado “el monstruo de las alcantarillas”. Corresponde a un hombre extraño, fuera del contexto de la urbe, una mezcla entre un paria, vagabundo y resentido social. Este monstruo asola la ciudad en busca de dinero en efectivo y flores, elementos que literalmente le sirven de alimento. Llegado un punto del relato éste supera el sólo ocasionar pánico y extrañeza en la ciudad, armándose de bombas comienza a causar daños materiales y en vidas humanas en pleno corazón de Tokio. Ante estos últimos hechos, lo que representaba una molestia constante en la sociedad se torna en un peligro para ella misma, por lo que sin mucho reflexionar se le da juicio en los tribunales.


“Merde” sin duda es la historia menos unívoca de todos los relatos. Pudiera causar sentimientos encontrados, conmiseración o desprecio indistintamente de lo correcto que pudieran ser las interpretaciones. Bajo ese punto de vista hace que su protagonista sea una los personajes más interesantes y complejos de toda la película.

La imagen de "merde" en su rol protagónico puede ser vista como un personaje tremendamente mesiánico o bien como una metáfora del propio hombre, siendo a la vez la figura de la "salvación" y la "condena" al mismo tiempo. Por un lado se le condena, pero por otro nos salva al enrostrarnos lo que somos y lo que podemos llegar a hacer; y a la vez su condición de ser creado -por nosotros- lo hace inocente hasta el final, ya que justamente el creador (apúntese nuevamente: nosotros) lo condenamos a dejar de existir. Pero, para nuestra sorpresa, éste no perece sino que desaparece, demostrando que es algo propio, un fragmento casi involuntario de nosotros mismos. En el fondo se representa a una parte del hombre, que dependiendo de cómo la utilicemos nos concede la redención o la culpa indistintamente, y según las cirscuntancias.

Esta idea queda más clara observar la metáfora de su alimentación. Flores y dinero, 2 conceptos polarizados y en constante pugna en las sociedades. "Merde" consumía dinero en efectivo como cualquiera de nosotros lo pudiera hacer en un mall o tienda, pero a la vez las flores representaban sus sueños y con ellas sus esperanzas, por ello su lecho durmiente es justamente una cama de con flores y vegetación, algo impensado en el alcantarillado.


Luego, si vamos a la raíz de su odio hacia la humanidad, nos topamos con un diálogo que pudiera ser xenofóbico pero también revela algunas certezas indiscutibles. Su crítica hacia "la vista" no es algo que hay que dejar pasar. Pese a que tecnológicamente la sociedad actual -y con mucho mayor grado la nipona- representa un ejemplo en avances de la técnica de cara al futuro, su ceguera en los aspectos humanos marcan una tendencia mundial -sobre todo contrastándolo con ese primitivo ser protagonista de la historia-; en definitiva, una sociedad que por la aspiración de automatización se vuelve cada vez más autómata. Cuando hace alusión a los ojos, en el fondo los relaciona con motivaciones notoriamente viscerales, casi instintivas, que no van de la mano con sus avances en la técnica. Así, pronto se olvida el "espíritu" y prima el "número". La "visión reproductiva" del hombre que ha hecho ver Merde, lo autodestruye en la medida que deje de autoconstituirse como tal en todos sus aspectos que lo conforman (numéricos, humanos, espirituales morales, etc.). En eso "Merde" tuvo claridad y su verdugo -nosotros- sólo le rebatimos el lado más "cosmético" de su denuncia.


Dentro de la riqueza argumental también es posible dar con la idea “mesiánica”(cristiana), salvo que en el relato perfectamente su "Dios" bien podría ser el propio hombre. Sus creencias no distan mucho de lo que se estila en materia política o económica mundialmente, ahora lo que hacen o deshacen conglomerados, acuerdos, o coaliciones de países son necesarias y bien vistas, sin embargo cuando las hace una persona individual, es materia de enjuiciamiento y condena. Léase intervenciones, boicots, muerte, etc. que desarrollan poderosos conglomerados para permanecer en el poder. Situaciones que de darse en un grupo reducido o persona individual son inmediatamente condenables, justamente lo que el personaje vivió en el relato.

Finalmente el objetivo no es validar uno sobre el otro, sino invalidar por igual estos mecanismos porque parten desde un punto en común. Siento que el tema religioso es una parte de lo que el "problema de merde" quiere expresar. Así, la idea del "Jesucristo obsoleto" -propuesta en algunos foros, y para mi muy válida- complementa de buena forma la relación hombre-hombre y esta vez no hombre-Dios como lo quiso hacer el cristianismo. El paradigma de que "el hombre es un Dios" es el que ha imperado en estas últimas décadas y "merde" sólo sigue sus enseñanzas como lo pudiera hacer un discípulo de Cristo en Galilea. Por ello juega con la vida y la muerte, lo establecido, lo protocolar, etc., todos dogmas de plástico –siempre convenientemente aplicados por el hombre- de estos últimos siglos. Sin embargo, es condenado al enrostrarnos que ese paradigma no es real y se transforma en crítica, pero aunque es una ficción conveniente, es beneficiosa para el hombre como generalidad y su sentido de existencia. En definitiva "Merde" se hace cargo del vacío moral que ha desarrollado el hombre, es por ello que se le suele ligar a la religión -siendo ésta la representante de este concepto por mucho tiempo-, pero lo moral es propio del hombre y no de Dios.

Si sumamos que el porqué se le denomina "el monstruo de las alcantarillas", podemos entrever que se trata de una figura no lineal -ni menos evidente-, y requiere un trabajo interno hacia nuestro propio "oscuro mundo" para reconocerlo. Todo ello producto de una profunda autocrítica, de lo contrario se cae en el facilismo de enjuiciar un eufemismo que representa “lo malo para…” en vez de “el mal que hace…”.


Tercer Segmento:

Finalmente “Shaking Tokyo”, aunque cae la representación de un localismo muy nipón, da cuenta de los temas tangenciales abordados por sus pares. Esta historia con tendencia a ambientarse en un futuro próximo deja un sabor de esperanza en sus líneas.

“Shaking Tokio”, el último corto, narra la vida de un “hikikomori”, una especie de ermitaño actual que se encierra por voluntad propia bajo el techo de su hogar y niega la vida social así como el contacto con otras personas. Este mal psicológico es endémico de Japón y constituye un problema grave en los modelos sociales de la vida nipona. Comúnmente se trata de adolescentes que producto de las presiones sociales, exitistas y orgullo familiar renuncian a la obligatoriedad de la competencia relegándose en el anonimato que le dan sus piezas. Teniendo en claro lo que la idea real del “hikikomori” representa es más fácil acercarse a la narración ficticia de Joon-ho Bong


En el relato pesa mucho la conciencia del valor de la “renuncia”. El cómo afrontamos la renuncia de un sentimiento, una palabra o un rol social es lo central de la historia. Esto es posible verlo recién en el nudo de la historia que es justamente cuando la repartidora de pieza establece un contacto –hasta el momento no permitido- con el hikikomori. En ese minuto éste toma conciencia de su renuncia y eso se grafica puntualmente en el temblor de la ciudad que se dio en ese momento.

Luego la narración deriva en lo único que puede salvar lo insalvable, me refiero a los sentimientos humanos. Así nuevamente “la renuncia” se ve latente en la historia cuando el protagonista debe decidir dejar su antigua vida para encontrarse con esta chica. Este ultimo aspecto es interesante ya que no se entregan los códigos suficientemente claros para que se vea claramente opciones de carácter emotivo conyugal -romántico en último caso-, sino más bien lo que se ve es la conciencia de la pérdida que por opción propio se vio relegada. Puntualmente su decisión de no socializar con nadie.


Al correr de los minutos nos damos cuenta que este mundo -el real, y externo al personaje- no se aleja mucho del construido por nuestro protagonista. El aislamiento, la falta de empatía y comunicación son procesos comunes en la vida a diario. Así mismo, con el recorrer las calles vacías en búsqueda de esa mujer que le cambió la perspectiva del mundo, siente la necesidad de a su vez cambiar "el mundo". Su existencia no es la que quiere para su futuro, ni lo que quiere vivir desde ese minuto en adelante, su única esperanza es sacar ese anhelo –representado por la muchacha- desde su propia e interna habitación.


Luego de este paseo por los relatos que componen “Tokio!” es posible darnos cuenta de muchos puntos en común. El tinte de crítica, las problemáticas de la vida moderna, así como el problema valórico actual es lo que representa en generalidad el film. Estos rasgos son acentuados mediante lo muy bien que se complementan e incluso retroalimentaban en beneficio del film. Bajo un tinte crítico -que va desde la xenofobia hasta el retrato del consumismo, la deshumanización, entre muchos otros temas clave- los 3 cortos se mueven en el territorio de "lo perdido", lo que hay que rescatar, no sólo en el propio Tokyo, que resultó ser la excusa para contar historias modernas -casi no imagino nada más moderno que Tokyo como ciudad, quizá la razón de su elección-, sino que procesos y dinámicas propios de la vida urbana que nos son identificables bajo cualquier nacionalidad.

Siento que el tema se extiende mucho pero como en toda obra bien realizada siempre es posible hablar de algo más que nos llama la atención o pone la voz de alerta en su realización.


DATOS TÉCNICOS
Directores:
Joon-ho Bong (segmento "Shaking Tokyo")
Leos Carax (segmento "Merde")
Michel Gondry (segmento "Interior Design")

Guión:
Joon-ho Bong
Leos Carax
Michel Gondr

Actores:
Jean-François Balmer
Denis Lavant
Ryo Kase
Satoshi Tsumabuki
Yû Aoi
YosiYosi Arakawa

Otro aspecto que me agrado de sobremanera como película es que posee una buena temporalidad y las narraciones se alimenten de ella para brindar coherencia a sus relatos. El orden secuencial es posible hacerlo tanto desde un punto de vista temporal como psicológico, mostrando "tiempos internos"-tiempos que nos tomamos para asumir la realidad, propio de las personas- y "tiempos externos" -tiempos que van de la mano con procesos mecánicos que suelen ir más rápido que los mentales, siendo en definitiva un tiempo cronológico- los que son plasmados de forma coherente y lógica en la película. Desde la llegada de unos visitantes al saturado y multipoblado mundo de "cosas" y "utilidades" de la urbe en "Interior Design", hasta la consecución final de la individualidad en su expresión más radical resultando un mundo "Hikikomori", sin dejar de pasar por la crisis necesaria de un "Merde" que marca la necesidad de cambios tanto internos como externos.

Me ha gustado mucho el film, creo que en su forma crítica abarca desde la poesía hasta la sátira seguramente todo ello propio de la ventaja de tener 3 directores pensando el mundo desde sus propios "Tokyos".
Japón, (2007), "Megane"
"La viveza de la ensoñación"


"Periodista: ¿Cómo definiría a un artista?

David Lynch: Como alguien que crea experiencias, para él y para otros. Es como un espectro. Hacer algo nuevo es como dar vida. Todo comienza con una idea, que son como burbujas que se crean y van subiendo. Así puedes atraparlas en un nivel superior, más profundo, con más información: más verdad. Se hace consciente lo inconsciente. En definitivca se trata de ser feliz. Mucha gente hace cosas, pero no para ser feliz sino por la recompensa posterior. Pero las ideas fluyen mejor cuando uno está feliz..."


Seguimos con el ciclo BAFF 2009 y ésta no podía quedar fuera, No sólo por su calidad sino porque ya ha cosechado elogios en los diversos festivales en los cuáles se ha presentado. Justamente con "Megane" esta vez abrirá el BAFF, precisamente hoy, 30 de abril del 2009.

La había visto hace tiempo pero no la había comentado por asunto de tiempo, la verdad es que merece que abra este Festival. De entrada digo que la película me ha gustado, ya que la directora Naoko Ogigami, misma que dirigió Yoshino's Barber Shop(2004) y Kamome Diner(2006), entre otras -ambas muy recomendadas-, me parece una directora con gran talento dentro de oriente en general.

Megane”, que significa “gafas”, es toda un pieza de entretenida contemplación. Sí; se que parece contradictorio pero la verdad es que me he divertido mucho viéndola, no sólo por esa cuota de humor tanto excéntrica como elegante, sino que también por la narración -a mi juicio muy acertada-, que brindó el carácter de ensueño a cada secuencia que advertimos al verla.

El film se basa mucho en un relato coral, donde el título de protagonista de Satomi Kobayashi interpretando a la flemática profesora “Taeko” es virtualmente nominativo. Cada personaje aporta desde una perspectiva en particular la manera en que nos acercamos al plano más reflexivo de la película, el que tiene mucho que ver con nuestros propósitos y tiempos invertidos en nuestras vidas. La figura no deja de ser contemplativa, pero no es una figura como la que se pudiera ver en, por ejemplo, Kim ki-duk donde siempre suelen existir cargas morales, esta vez es algo atractivamente neutro que sólo dispone de un reflexionar, hecho que por definición es positivo.


Existe un bello juego entre este aspecto y el cómo Naoko Ogigami, su directora, ha titulado el film. Si bien las “gafas” pueden ser elementos artificiales, a la vez son la prolongación del sentido de la vista que muchos han atrofiado. La propuesta se plantea como la predisposición a ver las cosas en profundidad, tal como lo haríamos con unas buenas gafas al darnos cuenta de que en realidad no observamos bien las cosas. Sin estas “gafas” necesarias, no valoramos cosas que seguramente en el vertiginoso mundo actual no podríamos ver. En definitiva, este elemento óptico aparece cuando nos tomamos el tiempo para observar, para recordar y reunirnos con nosotros mismos en una bella melancolía que siempre deja cosas positivas porque nos hace encontrarnos a nosotros mismos.

El despliegue en esta materia es abundante. Va desde quedarse mirando el mar por las tardes, hasta mirar los atardeceres escuchando instrumentos de cuerdas o sólo realizando alguna actividad parsimoniosamente inútil bajo la brisa de la playa. El mundo parece detenerse y el tiempo es eterno. Bajo esta perspectiva no es casualidad que todos los personajes que componen la narración –salvo el perro, obviamente- usen lentes ópticos.

Es que en “Hamana”, la residencial en donde trascurren las acciones, todos sus habitantes poseen el sentido de la contemplación muy desarrollado, situación que no expondré por tratarse de las líneas que construyen la narración pero tiene que ver mucho con todo el entorno y actividades que en este lugar se realizan. La situación es inteligentemente contrastada en las secuencias que recrean el ambiente de la más próxima hospedería llamada “Marine Palace”, donde en ella se vive tal cual como todos pudiéramos vivir en condición laboral y no gozar de un estado de “relajo” propuesto por su contraparte, situación que no por ello demuestra una pereza mental.


Entre tantas palabras es bueno continuar con una pequeña sinopsis para quien se encuentra algo perdido sobre el tema. Aparentemente todo parte con Taeko, es una profesional que proviene desde el mundo urbano, mecanizada y con un sistema estructurado desde la lógica de “vivir en la ciudad”, por lo que muchos podremos identificarnos con ella. Su forma de preguntar, inquietudes y maneras de enfrentar a personas desconocidas son características innegables que identifican a una persona “de ciudad”, preocupada del inmediatismo y el esquivar la pérdida de tiempo a toda costa. Así, el relato da cuenta del cómo llega a un pequeño hotel junto al mar llamado “Hamada” para pasar unas vacaciones. En este período convive con Yuji, quien lleva dicho hotel, el que es frecuentado también por Haruna y Sakura, ambos habitantes de este espacio narrativo que tiene como telón de fondo el “Hamada”. El lugar irradia una tranquilidad y parsimonia casi de ensueño. Allí no funcionan los celulares, hay mucho tiempo para pensar, y las distracciones o atracciones turísticas se limitan a contemplar el mar o practicar una especie de yoga-gimnasia matutina en la playa denominada “merci”. Así transcurre el tiempo en el hotel, tardes de escuchar música interpretada por los propios inquilinos, comida apetitosa -de esas que pudiera hacer cualquier abuela en cualquier parte del mundo- o sentarse por las tardes a comer helado japonés o Kakigōri bajo el arrullo melódico de las olas rompiendo en la playa por las tardes. Claro está que ante tales condiciones es fácilmente posible conectarse con partes de nuestro mundo interior, sentirse vivos y llenos de experiencias que nos hacen ser tal como somos, ecuación muy acertada y bien lograda en la película. La reflexión es una parte importante dentro de las cláusulas de “estar de inquilino en el hotel”, y claramente Taeko podrá aprovechar esta experiencia así como los otros habitantes de este ficticio mundo costero que Naoko Ogigami ha creado generosamente para todos nosotros.

Volviendo un poco a la cita que he escogido -y a la vez no saliéndome del tema en general de la película-, David Lynch, afamado director, guionista y productor norteamericano, sugiere que la labor del artista es la viene de la mano con las emociones que nos otorgan la felicidad. Creo que el mundo plasmado en “Megane” está muy cerca del entendimiento de esos sentimientos. En la residencial “Hamada” es posible contactarse con las fuentes de inspiración hacia nuestra propia felicidad, situación que el mismo Lynch prosigue aseverando "lo divertido que puede resultar crear esos mundos y tener una experiencia de ellos”.


De alguna manera cito a Lynch porque es uno de los pocos directores que se atreve a experimentar de forma honesta e incluso asumiendo riesgos, lo cual si bien no lo hace mejor que otros, le da un sello que lo caracteriza. Por ello es que lo considero adecuado para opinar sobre temáticas en donde es posible combinar recursos narrativos clásicos y experimentales, no siempre, como lo diría el mismo Lynch, la ecuación en su cine resulta de una mezcla de recursos, sino más bien en el acento en “las ideas”. Fuera de toda abstracción, las ideas son las que prevalecen y dan vida a su cine. En ese aspecto “Megane” aborda y se aproxima hacia la misma fórmula. En ella las ideas subyacen entre lo que pudiera significar mera o pura contemplación, siendo el film mucho más que eso.

Aprovecho la oportunidad para plantear un aspecto importante en el cine, y en las artes en general, y corresponde justamente a esta idea de “lo experimental”. Mi interés por tratarlo es que se suele limitar este concepto a sólo una cadena de ejes o temas, siendo muchos de ellos nutridos por el surrealismo, el arte abstracto entre otras corrientes. Sin embargo, el experimentar no sólo tiene que ver con un cuadro que nace desde perspectivas argumentales, no siempre “lo raro”, la “excentricidad”, y en muchos casos, “lo extravagante” tiene exclusivamente que ver con “lo experimental”. Este es un estereotipo creado simultáneamente por la industria cinematográfica –me refiero a Hollywood- y también en parte por la pereza de quienes vemos cine. En el afán reductivo, catalogamos arbitraria e incluso irresponsablemente las películas de acuerdo a su género con tal absolutismo que en definitiva no permitimos que esa obra se “oxigene” en nuestra percepción para dar muchas veces con puntos rupturistas o nuevas propuestas en la forma de hacer cine.

En ello también se responsabilizan los realizadores, quienes por su parte se van conformando muchas veces por incluir una fórmula conocida en la creación de películas, pero también tenemos responsabilidad por “observar” el cine fuera de la dimensión de sólo entretenimiento y velar por esta actividad en ese aspecto. Para acotar un poco la reflexión es el mismo Lynch el que da cuenta de su responsabilidad y agradecimiento hacia el mundo onírico, surco más fértil en la siembra y cultivo de lo experimental en su cine. Este fruto, aparentemente sin relación con el film comentado, curiosamente es justo lo que alimenta a Naoko Ogigami en su “Megane”.

La narración bebe mucho de la fuente de lo que podría constituir un sueño y es precisamente éste uno de los aspectos que la destacan. En “Megane” al igual que en los sueños, paulatinamente nuestra razón deja de cuestionar lo que acontece, no porque lo que ocurra carezca de lógica, sino porque pronto las preguntas propias de nuestra mente comienzan a acallarse, brindándonos la aceptación de esa extraña lógica que hace que sus personajes estén en un momento atemporal, bajo condiciones físicamente extrañas y hablando sobre temas tan profundos que bien podrían interpretarse bajo muchos ópticas.

Ese cuento y atmósfera están muy bien recreados, no sólo por el buen ojo de la directora que revela al poner con mucha inteligencia la cámara, sino también por el gobierno de los planos y fotografía en beneficio de la narrativa. El lugar es simplemente fuera de este mundo. No creo que nadie quien haya visto la película no desee pasar unas tranquilas vacaciones en esa isla –que en la realidad se trata de Yoron una isla de Okinawa-, pero este interés es profundamente motivado por la virtud fotográfica -y sobre todo el servicio que se le dio a la buena realización del relato-, el que finalmente se salió de la mera “contemplación” e indagó más en el propio hombre.


Pese a sus méritos técnicos y de realización hay un aspecto que me causa curiosidad y me revela una extraña suposición que advierte un compromiso mayor de la directora en el film. Me parece que mucho de lo narrado se nutre de sus experiencias de su Chiva natal, ciudad costera al extremo oriental de Japón, que se presenta como una fuente inspiración que empapa de una cándida infancia y envuelve a quien contempla el film desde esa perspectiva, melancólica, sentida y llena de impresiones emocionales. Ese toque al cual recurre en la narración de un ambiente relajado, con presencia transversal de generaciones y franqueza en la simplicidad como pilar hacia la profundidad del relato, es el que en definitivamente me ha maravillado de la película.

Es cierto que pudiera tener similitud en varios aspectos a otras películas, toques de Kore-eda, pizcas de Kim ki-duk o algo de Kitano -en sus buenos tiempos- entre otros directores, quizá puedan ser rastros evidentes para mentes despiertas e inquietas en materia de cine asiático, pero la verdad es que “Megane” no cuadra bien para tales mentes. La magia de la propuesta es dejarse llevar hacia ese hospedaje y convivir como uno más de sus inquilinos, méritos plenos para esta realización en exclusividad de otros directores. En definitiva, la película brilla con luces propias y sobre todo aporta color a la escena cinematográfica nipona, tanto desde su narración, como tratamiento y calidad técnica.



DATOS TÉCNICOS
Director:
Naoko Ogigami
Guión:
Naoko Ogigami
Actores:
Satomi Kobayashi/ Taeko
Ryo Kase/ Yomogi
Mikako Ichikawa/ Haruna
Ken Mitsuishi / Yuji
Masako Motai / Sakura
Hiroko Yakushimaru / Taeko's friend

Creo uno de los aspectos relevantes a profundizar es el genial sentido del humor que Naoko Ogigami posee. Esto es debido a que pese a la profundidad que se pudiera enraizar en la contemplación o la evocación a lo contemplativo, mucho del guión está pensado -más que para reír- para alegrarnos, que corresponde a un estado anímico que no necesariamente da cuenta de una acción o manifestación emocional, como pudiera ser la risa en la comedia. Bajo ese punto de vista es interesante la manifestación de los códigos de la comedia que se han volcado al servicio de un relato introspectivo y reflexivo, pero no por ello serio o grave -situación que se vive en un drama bajo sus propios códigos-, el que finalmente nos llena de buenas sensaciones, permitiéndonos disfrutar más que reír.

En definitiva y finalmente tras un enorme “recomendable” con aire de imprescindible, no me queda más que terminar la entrada e invitarlos a independizarse de las rutinas y permitirse ver un film que seguro les provocará buenas sensaciones.



Singapur, (2008), "My Magic"
"Personaje, personalidad y persona..."

"Vuelve de las sombras, de un secreto que no sé.
Vuelve de un quizás, vuelve de un tal vez.
Y para mí tañe el laúd
con melodía que parece azul,
y para mí cuenta su viaje
y la canción se estrena un traje.
Y para mi tañe el laúd
precipitándolo como un alud.
Sospecho que su melodía
llega de amar la poesía."

"El trovador de barro Negro"

La verdad que cuando he visto las películas para el BAFF –y siguiendo con los films de este año 2009- no me ha llamado la atención “My Magic”, exceptuando hasta que me di cuenta de quien la dirigía, ya que se me ha venido a la mente la inolvidable “Be with Me” (2005) de Eric Khoo. Me ha entrado la curiosidad por saber en qué línea irá este nuevo trabajo fuera de lo argumentalmente apreciable en la sinopsis, y me he decidido a verla.

Al parecer es beneficiosamente poco pretenciosa, es decir, entre tanto cine independiente, problemáticas profundamente rebuscadas de corte experimental, surge algo como “My Magic” una historia simple, contada de manera correcta pero que reencausa muchas ideas sobre las pérdidas que está teniendo el cine de este tipo actualmente.

Hace poco me ha tocado ver una preselección de cortos para una posible premiación. El punto es que en sí los cortos, en una mayoría útil de los casos, se ocupan como una forma de experimentar, una manera de acercar desde otras perspectivas -ya sea al lenguaje o estilos-, las nuevas tendencias que pudieran tener en este arte. En fin, desgraciadamente se está viviendo una tendencia de inmediatismo en el pulso creativo de los realizadores, posponiendo las nuevas ideas y experimentación a una suerte de validación –y ojalá consagración de sus carreras- pretensiones que me parecen ridículas tratándose de cortometrajes. Ya cada vez más cuesta ver una realización que no abuse de manera obvia de un recurso de giro argumental sobre el final –todo esto en referencia a los cortos-, llegando a ser tan molesto que resulta evidente que todo el corto es una excusa para poder hacer un giro final. Cosa que me parece además de inútil y poco inteligente, un absoluto desperdicio de recursos.

Por suerte y con todo esto en la cabeza, me he sentado a ver “My Magic” y la verdad es que me ha parecido “necesaria”. Ocupo el término “necesaria” porque siendo una producción cinematográfica correspondiente a un largometraje se ha constituido con todas las fortalezas que debiera poseer un buen corto -o cualquier realización audiovisual-, o al menos, uno aceptable. Hago alusión a los cortos con esta película porque el film es bastante breve, no durando más allá de los 75 minutos.

Antes de continuar con el comentario me detendré en el argumento para quienes aún no conocen el film. Ya adelantaba que la historia es bastante simple. En una suerte de sinopsis puedo decir que el film, que se encuentra dentro del género dramático, cuenta la historia de Francis, interpretado por el propio Francis Bosco, una especie de mago, ilusionista y fakir quien producto de un problema familiar está sumergido en el mundo del alcohol, situación que tiene angustiado y cansado a su hijo, el que con una madurez destacable afronta a la par sus problemas familiares y responsabilidades escolares. Producto de esta situación finalmente su padre comienza a retomar sus antiguas labores con el fin de conseguir dinero suficiente para poder brindarle una seguridad económica y estudios futuros a su ejemplar hijo.


Desde este punto se empieza a desarrollar pausada pero progresivamente el argumento y desenlace, que aunque puede ser predecible, el discurso y temática que propone no deja de tener méritos propios. La magia se presenta como un recurso para la manifestación de los afectos, el cómo de alguna manera el evitar sentir y amar nos quitan un poco la propia magia que acontece dentro de nosotros. Situación que no pretende en lo absoluto ser moralista, ni provocar un enjuiciamiento, sino mostrar las falencias afectivas producto de un trauma emocional que puede ser superado en conjunto con los seres queridos. El eje emotivo gira en torno a esta idea, y se centra estrictamente a la relación padre e hijo, reflejando que los lazos filiales sobrepasan los pesares, deudas y culpas arrastradas en la vida como seres individuales.


Personalmente, como ya lo he dicho con anterioridad, no me siento cómodo al ver actuaciones de niños "haciendo de adultos". No es porque niegue la existencia de este tipo de experiencias y cirscuntancias, sino que siempre suelo extrapolar la actuación de un niño, más allá del reflejo de un entorno y escenario psicológico que lo haga actuar de determinadas formas. En definitiva, siento que pierden lo creíble que los hace ser niños pese a estar guiados para contar una historia de adulto. En este caso, a lo menos suelo ver matices forzados –en el mejor de los casos cuando los hay-, mientras que siento que no se logra el equilibrio del personaje y actor necesario para hacer creíble una historia.

Jathisweran, interpretando al hijo de Francis, desempeña una actuación correcta, ya que sin estar mal y sobrepasar mis críticas anteriores, algunas escenas resultaron algo forzadas en torno incluso al guión, que a mi juicio -además- no resultaban necesarias para recrear la situación vivida por los protagonistas. Específicamente me refiero a un par de escenas referidas a la comunicación con su madre y reflexiones sobre este acontecimiento. Sin estar fuera de un rango tolerable ha estado correcto para su edad, tipo de papel, experiencia y entorno actoral.

En este último criterio creo que mucho de sus debilidades pueden ser explicables ante la gran actuación de “Francis”, como su padre. Creo que es una de las actuaciones mejores logradas y plenamente caracterizadas de muchos de los films contemporáneos a éste, mucho del mérito radica en explotar el desarrollo de la “carnalidad” en su personaje como veremos a continuación.

En referencia a esto último me detendré un momento, ya que generalmente cuando se habla de “carnalidad” suele evocarse una conducta pecaminosa, ligada muchas veces al carácter sexual o sensual de la construcción de los personajes, pero en este caso el concepto es enriquecido al lograr disponer de un material netamente humano, "carnal", que empapa el personaje. Francis, es un alcohólico. Lejos de la redención, sufre un profundo dolor que lo hace estar reviviendo en constancia con su pasado. De alguna manera prolonga su dolor, ya que no busca el olvido, sino eternizar su sufrimiento el que se traduce en una vida autodestructiva plagada de rebelión contra su corporalidad. Es que para Francis su cuerpo es el medio en el cuál puede demostrar su frustración y dolor, lo mantiene en constante recuerdo de sus culpas que tienden a ser diluidas con el alcohol, pero también lo conducen hacia una construcción mental que le permite hacer el ejercicio catártico, de alguna mala manera sanador, razón por la cuál aún puede mantenerse con vida. Fuera de su hijo, su vida se prolonga por no creer merecer la muerte aún, vista la muerte casi como un premio que debe ganarse con la redención y perdón previo. Esto constituye lo medular de su existencia, la cual se construye desde toda dimensión sensorial que le podría otorgar el dolor físico.



Cuando Silvio Rodríguez -cantautor cubano-, en su tema “El trovador del Barro Negro” habla de que este trovador “tañe” o toca un instrumento de cuerda llamado “laúd” de forma incontrolable, él en esta acción aparentemente violenta puede ver una manifestación de humanidad, de entrega hacia algún sentimiento profundamente humano; pudiese ser amor, verdad, consecuencia, entre otros valores o virtudes humanas. Tanta es la claridad de tales acciones que implican el tocar este instrumento, que el cantautor puede ver que viene de un “amar la poesía”, lo que otorga un vínculo en estas acciones con algo casi sagrado, un territorio que se entiende al comprender lo que conforma el espíritu humano. Ésta es la razón por la cuál escogí esta cita para iniciar la entrada. De alguna manera Francis encarga a un “trovador”, que pese a dejar en un virtual abandono a su hijo, el continuar con una vida autodestructiva sumida en el vicio del alcohol, el mantenerse en un pasado doloroso sin querer superarlo, entre otras cosas, sintomatizan un “instrumento” que toca con tal sentimiento que pese a todo el dolor, errores, culpas e irresponsabilidad que pueda tener se nos muestra como un ser frágil, querible, y por sobre todo, digno de valorar casi desde el primer minuto de film.



La virtud de la actuación es poder representar un personaje tremendamente complejo, y lejos de llenarnos de contradicciones nos alineamos profundamente con sus pesares, debilidades y errores. Su “carnalidad” nos conmueve, empatizamos sus dolores de tal manera que hace que la película en general cobre un mayor sentido.

Lo que ha logrado Eric Khoo, director del film no es fácil. El destruir un arquetipo socialmente reprochable es algo sumamente difícil de hacer eficazmente. Es decir, se puede hacer el intento pero generalmente sólo por guión y dirección de actores no suele lograrse de manera creíble. La razón es porque todo debe tener una cuota que aporte a este desarrollo y muchos de los aspectos en la realización de un film están apuntando hacia otros horizontes, los que van desde poder entregar un mensaje global claro, hasta hacer bastante dinero para poder lucrar del cine a destajo. Un ejemplo emblemático que se puede recordar para dar con la dificultad y rectitud de tal tratamiento del personaje, es lo que ha hecho Pedro Almodóvar -uno de los mejores en dirección en España- en “Hable con Ella”(2002). ¿Quién recuerda este film?, lo cierto es que para los que lo han visto podrán recordar su personaje principal que literalmente correspondía a un ser enfermo; un violador, una persona desequilibrada emocionalmente, que de relatar objetivamente sus actos harían que nuestros juicios giraran hacia la condena innegable. Sin embargo, en la película ocurre otra cosa. “Benigno”, un enfermero que hace de personaje protagónico -interpretado de muy buena forma por Javier Cámara-, termina apoderándose de nuestra moral, de la mano de Almodóvar y la calidad técnica del film nos representa a un ser humano. Uno con tanta similitud de espíritu con nosotros que hace que pese a toda la atrocidad cometida sea digna de perdón y redención. Esta creación y tratamiento del argumento y personaje es lo que también es posible ver en “My Magic”, y aunque no pertenecen a temáticas similares -siendo el trabajo de Almodóvar algo más arriesgado-, en el film de Singapur no debilita su mérito.

Escena de "Hable con ella" - Pedro Almodóvar.

Otros aspectos que ayudan mucho a la construcción de la historia es la dirección de arte y foto, creo que gracias ellos se pueden retratar y potenciar el perfil de los personajes. Colmado de sitios lúgubres, oscuros y pecaminosos, hacen que brillen personajes que poseen virtudes descontextualizadas a sus entornos. La generosidad, entrega y sacrificio son aspectos gravitantes que se revelan y contrastan con burdeles, habitaciones de departamentos oscuras y sucias, gente del bajo mundo en todo aspecto, además de experimentarse la miseria humana, aunque de manera algo sutil, muy bien lograda.



DATOS TÉCNICOS
Director:
Eric Khoo
Guión:
Eric Khoo
Kim Hoh Wong
Actores:
Francis Bosco/ Francis
Jathisweran/ Hijo
Grace Kalaiselvi / Mujer
Creo que pese a ser corta en tiempo, la película gana mucho en profundidad, quizá no con los tintes que pudieran darle un tratamiento poético o novedosamente narrativo, sino que su fuerte pasa por el minimalismo en que es representado el sufrimiento humano en amplias dimensiones. “My Magic” se presenta como una pieza interesante y recomendada, aunque no sé si lucirá con colores propios entre tanta buena película pronosticada en este BAFF 2009, pero sin duda goza de atributos que la hacen destacar como una obra individual, modesta y muy bien lograda.





Hong Kong, (2008), "Ocean flame"
"Porque la quería..."
"Porque la quería
se fue para siempre,
quiso poner a salvo aquella imagen.
No confió en ella
y quiso asegurarse."

"Porque la queria" J.M. Serrat


Bien, sólo por casualidad continúo con las películas prontas a exhibirse en el BAFF de España este año 2009, aunque quizá no descarte seguir con algunas otras a presentarse en este festival. Hoy el turno es de “Ocean flame”.

Sin duda, con Fendou Liu, director hongkonés, más conocido por ser guionista y realizador de exitosas creaciones como “Shower”(1999) y la reciente “Plastic City”(2008) -próxima a exhibirse tambien en el BAFF de este año 2009-, resulta más que tentador poder visualizar este nuevo film titulado “Ocean flame”. Ahora bien, si a esto último le sumamos que es una adaptación de la novela del prolífico escritor Shuo Wang -quien colabora en el guión-, se advierte que se podría estar frente a una gran realización.

Otro antecedente brutal es su participación en la gran “Green Hat” (2004) film excepcional dentro de la cinematografía hongkonesa, pese a no ir del todo con el estilo acostumbrado en este país. Además de ser su ópera prima como director, Fendou Liu demuestra con real talento su capacidad en la dirección, entre otros atributos que reservaré hasta un comentario futuro de dicha película.

Fuera de lo acostumbrado, esta vez partiré al revés, y sin mencionar más, vamos a la sinopsis de “Ocean flame”.

La película se centra en la vida de Wang Yao -muy bien interpretado por Fan Liao-, quien hace de un mafioso criminal de poca monta, pero no por ello menos peligroso, el que se dedica a mantener un negocio de prostitución y chantaje de sus clientes. De una personalidad agresiva e impulsiva, todo marcha regularmente en esta caótica vida que lleva hasta que conoce a Li Chuan -tambien muy bien caracterizada por la actriz Monica Monk-; representando una cándida camarera que lo ayuda a recuperarse de una golpiza propinada durante las horas de trabajo. Paulatinamente el destino de estas dos vidas aparentemente opuestas, comienza a aproximarse y prontamente surge una relación afectiva entre ellos. Sin embargo, Yao ve en Li Chuan una oportunidad de incrementar ingresos e intenta meterla en sus negocios, situación que provocará una enfermiza relación de violencia, insanidad y miseria humana en lo que debería ser una relación de pareja.


El film se nutre de temas como el amor, el odio, pero también la muerte y la autodestrucción. El maltrato físico y psicológico es una fuerte constante en la narración, aunque no por ello se ocultan sentimientos, sino es evidente que la manera en que se manifiestan no es la correcta. En definitiva es una historia de amor, culpa y redención que se centra en el bajo mundo de oriente, entre mafias, malos empleos y mucha frustración contenida.

Ocean Flame” es una película “oscura”, pero no haciendo referencia a aspectos técnicos como el color, escenarios o iluminación, sino desde la aproximación que los personajes tienen con nosotros a través de la pantalla. Son ellos los que de alguna manera empapan las escenas en una oscuridad, mezcla entre fascinación y autodestrucción, que hace que todo cobre sentido. Sus vidas, mínimas y simples, no sólo reflejan la complejidad de la construcción psicológica de sus personajes, sino que también retratan un país que intenta hablarnos de sus propios conflictos. Vemos seres que pululan entre la decadencia y el temor, situación que los fuerza a un pálido coqueteo con sentimientos verdaderos, como podrían ser el amor, la amistad y la entrega; los que sin embargo se diluyen por la inercia de la cosas, costumbre y mecanismos de protección ante lo que nos es ajeno.

Otro aspecto importante gira en torno al recurso genérico del arte erótico. Esta vez, la idea idílica que se pudiera tener del erotismo, sólo quedará para relatos rosa. La parte violenta e incontrolable superará el erotismo, siendo sólo un medio de catarsis ante emociones escondidas y reprimidas. El pulso erótico esta vez es controlado, de alguna manera todo está planificado para la utilización de este recurso como herramienta para la liberación de propios problemas, siendo un mero vehículo para abordar desde egoístas intenciones, cargas que pesan tanto en sus vidas como entorno en el que se desenvuelven.

Ya Jung cuando hablaba de los complejos decía que “todos sabemos hoy «que tenemos complejos». Pero el que los complejos puedan «tenernos» es una noción que no por estar menos difundida tiene menos importancia”. En cierta forma este problema de asimilación es lo que se vive en el film. Un drama humano que posee un eje central, que en este caso es “la autodestrucción”.


Por un lado tenemos a Wang Yao, quien entra en una negación constante de su emocionalidad, sólo evacuando malamente parte de ella mediante “la ira”. Esta dinámica no hace más que generarle frustración y angustia, si bien sus afectos están contenidos no pueden ser suprimidos, los que se manifiestan en él mediante la autodestrucción. Cómo no puede ir en contra de su naturaleza, debe ir en contra de él mismo para eliminarla. Mientras por otro, Li Chuan, se fabrica un ensueño amoroso para suplir sus carencias. Este otro tipo de asimilación la conduce -favorecido por el ambiente en que se desenvuelve- hacia la autodestrucción. Se podría hablar de relaciones enfermizas, del tipo sadomasoquista, pero este no es el caso, la unión es providencial e instintiva, no hay vínculos reales o al menos ellos no se aprecian en pantalla, sólo es posible ver a dos seres humanos necesitados, carentes y desesperados por cubrir sus exigencias afectivas, desde perspectivas en contención, así como validación de ellas.

Creo que esto último es lo más atractivo del film, ya que da cuenta del cómo nuestras propias necesidades cuando están mal enfocadas pueden llevarnos a un caos, frustración y angustia. Desde esa realidad no hay que hacer mucha proyección para encontrarse con femicidios, violencia intrafamiliar, incesto y otros temas sociales altamente actuales en todo el mundo. Justamente la película retrata el “cómo” de estas cosas y no el “porqué”, tratamiento elogiable desde un punto de vista narrativo ya que permite crear el nexo necesario para completar la historia en base lo que se muestra. Los “porqués”, de alguna manera todos compartimos y son transversales a las sociedades, probablemente porque nadie está libre de perpetuar procesos, complejos o mecanismos que nos mantengan estancados y prisioneros en alguna medida. Otro aspecto que nos puede aportar esta pareja del protagónico es la idea de victima/victimario, que resulta muy interesante para comprender la evolución y cambio en la personalidad de los personajes, así como el epílogo del film.

Fuera de la autodestrucción existen algunos elementos asociativos en estas dos personalidades, los que surgen de la idea de ser victimas y victimarios de ellos mismos. Wang Yao extrapola su actividad laboral hacia su propia existencia, viviendo un constante chantaje contra el mismo el que en definitiva lo obliga a ser violento y manejarse mediante el instinto más que la razón. Está claro, al pensar o razonar demasiado, prontamente se llegan a conflictos de difícil solución, ya que requieren cambios drásticos tanto de modo de vida, como de relación con él mismo. Para equiparar este desbalance -como lo haría en sus actividades de proxeneta-, tiende a sacrificar y vender lo bueno de sí con el fin de mantenerse en un medio donde los valores no priman, y mucho menos, los afectos. En conclusión, se ve sumergido en una dinámica de ser víctima/victimarios de sus propios actos.


Li Chuan, por su parte, cae en la figura de “la enamorada del amor”, pretende cumplir sus expectativas afectivas siempre desde una perspectiva egoísta. No existe en ella el reconocimiento del otro, sino más bien se queda con las sensaciones que en ella surgen al estar en pareja. La terquedad y obstinación son el síntoma claro en las motivaciones egoístas y de soberbia, donde cree que podrá cambiar a este hombre para finalmente hacerlo a la altura de sus ensueños. Esta idea, que en el film se ve contrastada con la figura agresiva, violenta y despiadada del Wang Yao, nos hace tener un falso sentimiento de benevolencia con ella, sin embargo esta idea no es justa ni para ella ni para él, debido a que las opciones están dadas para ambos y cada quien es libre de velar por su futuro. Es por este motivo que Li Chuan también se aprisiona en mecanismos que la llevan a ser víctima y victimaria a la vez, y explican los cambios en su personalidad, decisiones y conclusión de la historia.

Este drama, -arthouse tan propio y característico ya de Oriente, aunque quizá no con tanto énfasis en el propio Hong Kong-, nos enrostra seres castrados emocionalmente producto de contextos y experiencias que se dan por supuestas, y afortunadamente no se sienten necesarias en la narración. Un grupo de personajes, cada uno con sus propias carencias, nos presentan una serie de temas recurrentes en el film -que van desde contingencias sociales, hasta el mundo de la prostitución-, y nos llevan en un recorrido por las más oscuras grietas de la personalidad. En este contexto se evidencia la dualidad representada por sus personajes protagónicos, su idea del “amor” y los afectos. Situación en la que me detendré un instante debido al peso dramático y narrativo que representan en el film.



Algún sector de la crítica la ha rotulado como sobreguiada, lo que tiene que ver con que cada secuencia y diálogo se propone cuidando demasiado la propuesta estética que se quiere representar, y que por lo demás, quiebra las ideas que nos tienen acostumbrados a ver en Honk Kong. Este aspecto personalmente no lo noté, ya que me han parecido creíbles los personajes e historia con lo cual sus diálogos y tiros de cámara me han parecido al servicio de ellos. Está claro que no se tiende a representar una realidad exacta, sin embargo, ¿qué cosa en el cine lo hace?, el punto es que el aprovechamiento del guión y temática para este arthouse hongkonés me ha parecido valorable.

Lo que si es reprochable son el desarrollo y participación de los personajes que forman el contexto de la historia. En este punto me parece que están algo débiles y no entregan lo que deberían en la película. Me refiero a la policía y personajes de entorno que en muchas escenas nada parecían aportar al desarrollo de la película, sin embargo no me parece una falla grave dentro del film. La historia se cuenta aprovechando un flashforward, lo que me parece bastante acertado, sobre todo por el hecho de que con él no pretende dar un “giro argumental” ni provocar incertidumbre en el espectador, sino más bien su utilización se restringe a sólo relatar. Me agrada que así sea ya que este recurso es precisamente un recurso narrativo y no de estilo como se pudiera pensar. Responsabilidad en ello, en parte la tiene la sobreutilización de los flashback, flashforward u otros recursos temporales en general, los que son ocupados para estos propósitos independiente a su justificación en la escena, montaje o trama de la película.



Es cierto que la película tiene ese aroma a realización exclusiva para festivales, sin embargo criticarla por este hecho es tan falto de rigurosidad como si se criticara una película romántica o dramática por el sólo hecho de pertenecer a ese género. El cine de autor al parecer es una corriente cada vez más popular y no por ello comercial, pese a que algunos les desagrade la idea. Estas realizaciones, nutridas con los avances en la tecnología al servicio del 7° arte, permiten que el cine se desarrolle y aborde temáticas y conflictos que la industria no trata debido a presiones o motivaciones que “el autor” no posee.



DATOS TÉCNICOS
Director:
Fendou Liu
Guión:
Fendou Liu
Shuo Wang (Novela)
Actores:
Fan Liao/ Wang Yao
Monica Mok/ Li Chuan
Lawrence Cheng-Cheol
Yitian Hai
Shiu Hung Hui
Finalmente “Ocean flame” es un digno intento por manifestar preocupaciones y malestar frente a realidades frecuentes, todo ello, desde la narración oscura, emocionalmente deformada y autovalente en la soberbia del quien dice no amar. La mala comunicación y desafección hacia el resto es un tema constante, sobre todo en la segunda mitad de la película, lo que hace sentido luego con su final. Una película recomendable, sobre todo para quienes les interesan los movimientos cinematográficos, por un lado expresándose en este film el arthouse en gran medida, y por otro un exponente de este cine en el Hong Kong país que frecuenta otros nichos en materias de cinematografía.